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La leprosería de Nicomiseng PDF Imprimir E-Mail
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jueves, 28 de diciembre de 2006

Por lo que muestra consideramos muy interesante publicar este escrito que nos ha enviado el Dr.Eduardo Celades Blanco.

Eduardo Celades Blanco es residente de tercer año de medicina de familia, en el Hospital Doce de Octubre de Madrid. Ha estado en 2003 en Mozambique, como voluntario en el hospital de Changara, siendo este año el responsable del un proyecto de cooperación de asistencia sanitaria durante un mes en Bata, Guinea Ecuatorial desde donde escribe este e-mail.

 

La lepra es una enfermedad en extinción, ya erradicada de facto en los países desarrollados, y en franco retroceso en el resto del mundo.

Producida por un bacilo, similar al de la tuberculosis, afecta, a diferencia de ésta, a la piel y a los troncos nerviosos. Debuta con unas manchas hipopigmentadas, que en ocasiones pueden pasar desapercibidas. Posteriormente se irá afectando el sistema nervioso periférico, perdiéndose la sensibilidad en distintas partes del cuerpo, lo que produce indefectiblemente a lo largo de los años úlceras y accidentes que acaban en gangrena y amputación de los miembros. Enfermos malditos en la historia, olvidados en el presente, que sobreviven con taras y discapacidad al rechazo de su propia existencia, apartados forzosos de nuestras miradas para que no ensucien nuestro brillante y falso futuro.

Nos cuenta Bernabé, desde su silla de ruedas (un pié amputado, un sólo pulgar en cada mano, una mirada que rompe el alma) que lleva 34 años en la leprosería, desde 1970, “un año después de que Macías tomara el poder”. “Me atacó la enfermedad cuando trabajaba en el aeropuerto de Bata”, nos cuenta. No se trató a tiempo,y la enfermedad evolucionó y le acabó carcenando sus miembros y jodiendo su vida. Tenía, tiene, diez hijos, varios hermanos (uno en España); le visitan en ocasiones. De su mujer no habla. A nosotros nos mira, y sonríe.

El director no está por las tardes, así que el enfermero de guardia nos enseña el centro, guía para unos turistas de enfermedad y muerte. En el pabellón de ingresados apenas quedan 13 personas, 10 hombres (Francisco, Gabriel,.. ojalá me acordase de todos los nombres, para que no pierda su memoria) y sólo 3 mujeres, abuelas sin nietos que mecer, vejez apartada de un digno final. Nuestra presencia allí alivia su tarde y su calor, o eso quiero creer. Nada hacemos en nuestra corta visita. Cogemos alguna mano, nos regalan sonrisas, otra cicatriz más en mi corazón.

No están solos, sin embargo, los olvidados. La leprosería, edificios coloniales que resisten al presente, se mantiene gracias a las Hermanas de la Caridad (que acompañan, como en Calcuta, a aquellos que perdieron todo y ni siquiera les queda Dios) y a diversas ONG que parchean la injusticia de un gobierno sin conciencia, que malgasta el dinero del petróleo mientras ellas montan talleres ocupacionales, fabrican prótesis para los miembros perdidos, y construyen casas, adyacentes a la leprosería, donde los más afortunados rehacen, algo, su vida.

Este año se han detectado, hasta junio, 9 casos sólo en la provincia de Bata, la más poblada del país.En todo el año pasado se declararon 29 casos nuevos en toda Guinea Ecuatorial, condenas inesperadas a una vida sin esperanza. Poco a poco la batalla se va ganando, o quzás es que en esta guerra perdida de antemano los escenarios de muerte mudan, y nuevamente hemos llegado tarde a un hospital vacío. Las 32 leproserías, desbordadadas, que se repartían por todo el país se han ido cerrando. Hoy sólo en Micomiseng se encierran nuestros fantasmas. Salvamos una plaga, fallecemos todos los días ante pesadillas que no entendemos: SIDA, malaria, gripes de extraños nombres que despiertan nuestros miedos. Es tanto el trabajo, tan poco nuestro esfuerzo.

Hoy ya es demasiado tarde para Bernabé, que nos observa alejarnos en silencio, mirando el suelo. Otro día más como espectadores cabizbajos en este drama,el de la injusticia. Es demasiado tarde para Bernabé, quizás también para nosotros. Quizás.

Eduardo Celades Blanco

 
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